lunes, 24 de enero de 2011

Tipos de falacias - primera parte

Cuando un argumento descansa en premisas que no son pertinentes para su conclusión y, por lo tanto, no pueden establecer de manera apropiada su verdad, la falacia cometida es de atenencia. “Inatinencia” quizá explicaría mejor el problema, pero las premisas con frecuencia son psicológicamente atinentes para la conclusión, y esto explica la aparente corrección y persuasividad.
En forma tradicional, se han dado nombres latinos a muchas falacias, algunos de ellos han llegado a formar parte de lenguajes como el inglés o el español.

1.- El argumento por la ignorancia (ad ignorantian): es el error que se comete cuando se argumenta que una proposición es verdadera sobre la base de que no se ha probado su falsedad o, a la inversa, de que es falsa porque no se ha probado su verdad.

2.- La apelación inapropiada a la autoridad (ad verecundiam): Esta falacia ocurre cuando se hace una apelación a personas que no tienen credenciales legítimas de autoridad en la materia en discusión.

3.- Pregunta compleja: De todas las falacias que se utilizan en el razonamiento cotidiano, una de las más comunes es la de formular una pregunta de tal forma que se presupone la verdad de alguna conclusión implícita en esa pregunta; es probable que la pregunta misma sea retórica y no busque genuinamente una respuesta.

4.- Argumento “ad hominem”: La frase “ad hominem” se traduce como “contra el hombre”. Nombra un ataque falaz dirigido no contra la conculsión que uno desea negar, sino contra la persona que la afirma o defiende.

5 y 6.- Accidente y accidente inverso: Cuando aplicamos una generalización a casos individuales, de manera impropia, cometemos la falacia accidente. Cuando lo hacemos a la inversa, sea por falta de cuidado o con intención, y aplicamos un principio que es verdadero en un caso particular como si lo fuera general, cometemos la falacia de accidente inverso.

Próxima entrega: Tipos de falacias – segunda parte.

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