Recientemente estaba en un curso básico de escritura y me topé con un libro titulado “En torno al lenguaje”, es un ensayo de Rafael Cadenas, venezolano, nacido en Barquisimeto en 1930; él inicia este ensayo con la siguiente frase: “De una manera general se puede decir que el venezolano de hoy conoce muy poco su propia lengua”, y efectivamente es cierto, cada vez es peor, es decir, las nuevas generaciones con sus celulares y el chat han deteriorado mucho más la lengua.
¿Cuántas palabras usamos generalmente para comunicarnos? ¿De esas palabras a cuántas le conocemos sus sinónimos y antónimos?
Ahora bien, y ¿cuál es el origen del problema?, pues son muchos, pero me atrevería a mencionar dos para comenzar:
1.- Ausencia de hábito de lectura en padres y maestros.
2.- Medios de comunicación con pobre vocabulario.
El primer problema trae como consecuencia que los niños y jóvenes que están iniciando sus estudios ignoren lo maravilloso que puede llegar a ser el mundo de la lectura; si no tienen quien los inspire para comenzar es difícil que lo hagan por automotivación. En casa se ve a un padre o una madre que prefiere que el niño esté “distraído” viendo televisión para ellos poder hacer todos sus quehaceres en el hogar; y en la escuela a veces nos encontramos con maestros a los que obligan a cumplir programas de estudio ridículos, en una cierta cantidad de horas limitada, obligándolo a enmarcar el conocimiento. Estos padres y maestros en su día a día quizá tampoco puedan tener un espacio dedicado a la lectura.
El segundo problema son los medios de comunicación masivos como la prensa, la televisión y la radio; estos están conformados por personal que igualmente tiene carencia de vocabulario, por lo que utilizan el idioma de manera mecánica y limitada. El problema con estos medios es que indirectamente van “formando” al venezolano que está en la calle día a día trabajando a través de sus artículos. Son pocas las secciones donde los verdaderos eruditos expresan sus ideas a un nivel medio o alto, aunque si hay un pequeño grupo que sí lo hacen.
No pienso adentrarme mucho más en este tema porque no es un problema directo de la filosofía, sin embargo, sí la afecta indirectamente pues un vocabulario pobre nos aleja de una cultura amplia.
Próxima entrega: Mitología, filosofía y religión.
lunes, 20 de diciembre de 2010
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